jueves, 8 de diciembre de 2016

Mejor no hablemos de todas las cosas que no voy a contarte.

No hablemos de cómo creemos que seguimos entendiendonos, cómo creemos ya no comprendernos.
Ignoremos el hecho de que nos evitamos a propósito porque nos atraemos por accidente.
La verdad es que te he odiado a los cuatro vientos mientras te quería en la brisa.
Supongamos que no sabes nada al respecto, que ignoras que cuando soy débil alargo mi camino con la esperanza de enredarme en el tuyo.
Quiero decirte mil verdades y todas sus mentiras.
Y al mismo tiempo me muero por alejarme de ti y que nunca me encuentres.
Pero que me encuentres.

Mejor no hablamos de todas las cosas que no voy a contarte.

martes, 6 de diciembre de 2016

Derecho a quejarse.

La gente te decepciona. Todo el mundo, de una forma u otra. Solo que algunas de esas decepciones no importan tanto como otras. Todo el mundo es hipócrita alguna vez, algunos más, algunos durante más tiempo. Tú mismo, has decepcionado, has sido un hipócrita. Empecemos por aceptarlo. Podemos quejarnos de los demás, porque nos fallan. Pero también se quejarán de nosotros cuando no estemos escuchando. Porque seguro que nosotros, aunque no lo veamos, también le hemos fallado a alguien. No podemos ser perfectos, nadie puede. Tenemos todo el derecho a quejarnos, aunque para eso podríamos esperar a intentar ser un poquito mejores de lo que somos ahora.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Mi mejor amigo.

Él sonríe victorioso y me tiende la mano. Sabe que al final él es la única constante que tengo. Sabe que aunque me duela es mi único refugio, mi cárcel. Y tomarle la mano es cómo recuperar un viejo hábito, como volver a esconderse bajo las mantas. Lo sabe. Lo sabe todo acerca de mí. Supongo que por eso es mi mejor amigo.

Heridas de guerra.

No sé si le ocurre a los demás. Pero a veces, cuando una bala te alcanza en pleno estómago, cuando sientes como te destroza por dentro, quieres llorar, rendirte, dejarte caer y retorcerte de dolor. Pero no puedes. No puedes  porque estás en medio de la batalla y si te detienes morirás. Y pueden alcanzarte mil balas más, y sentirás cómo tus tripas estallan dentro de tu cuerpo, y el dolor se hace más presente y más notorio. El dolor tratará de escalar por tu garganta. Pero debes tragar, aguantar y hacer ver que no te afecta, porque estás en plena guerra y ese segundo de debilidad puede ser el último.

viernes, 18 de noviembre de 2016

La banda sonora de la crueldad.

Corre dejando tras de sí un rastro de muerte y destrucción.
Pero no le importa.
Lo árboles caen moribundos a sus pies, implorando.
Pero ni siquiera los escucha.
Destroza todo lo que se interpone en su camino.
No hay ni un rastro de remordimiento en su inexistente conciencia.
Ni un rastro de luz en sus ojos.
Alcanza el corazón del mundo y con el simple roce de sus dedos hace que todo desaparezca.
Sonríe.
Y poco a poco, en medio de toda esa destrucción, su sonrisa se torna en carcajada.
La banda sonora de la crueldad.
Su risa vacía es el último sonido de la última nada de lo que alguna vez fue el hogar de alguien.
Por un instante, una chispa aparece en sus ojos, solo por un instante.
Inmediatamente después se encamina hacia su próxima destrucción.

sábado, 29 de octubre de 2016

[Página en blanco.]

Eres una de las cosas más terroríficas que hay. Es como si tu presencia succionase todas mis ideas y las destruyera en menos de un segundo. Muchas veces siento que por más que lo intente no puedo vencerte porque en el fondo siempre has sido más fuerte que yo. Y mi Calibri 11 termina rindiéndose ante tu barra vertical intermitente, que suele ser la única mancha negra que queda al final de la batalla, cuando la tecla de borrado parece haberse reducido a cenizas. No entiendo como es posible que absorbas todo lo que hay en mi corazón en el mismo momento en el que me propongo a entregártelo. ¿De dónde sacas ese poder tan terrorífico? Sí, es cierto, hay ocasiones en las que he logrado vencerte, pero yo salgo de mis victorias con heridas y tu te marchas de las tuyas sin un rasguño, siempre llena de orgullo.

viernes, 7 de octubre de 2016

Lo malo de madrugar no es el hecho de tener que levantarse pronto. Es el hecho de tener que dejar de leer para poder ser persona al día siguiente.