Lo han vuelto a hacer. Están descontrolados.
Bueno, tal vez exagere, pero Louise está perdida y no localizo a Nelson. Tobi ha estado buscándolos pero él tampoco les encuentra. Marco se mudó con Annie y Ben y ahora los siento lejos. Emily... Ni siquiera voy a hablar de Emily. Katckya dice que la puerta de la sala Nueva Vida se abrió anoche de repente, pero no vio nada. No estamos preparados para esa puerta, todos están dispersos. Seguimos sin conocer el rostro de Naya y además está Ella. Necesitamos tu ayuda, Fi.
Desde el roto de Cuaderno Verde todos han aprovechado sus grietas para salir. A veces vuelven. Los segundos aparecen y desaparecen. Tobi se ha quedado, por lo tanto Emily está aquí también. Pero he perdido el mapa y la brújula. El río blanco se lo llevó todo.
Tienes que volver Fi, eres el único que puede encontrar a Louise y hacer que su sonrisa no cause el caos. Eres la calma. Sé que tienes que viajar, pero ahora te necesitamos.
martes, 27 de enero de 2015
Historia de un hada dulce
Esta es la historia de un hada dulce. Una historia recuperada del recuerdo de unos folios manchados con letras.
No recuerdo su nombre, pero sí el brillo y la alegría de sus ojos. No recuerdo cuando ni por qué nació, pero sí sus primeros aleteos, a escasos centímetros del suelo y con tanta felicidad.
Un hada dulce, por su inocencia, por su sonrisa, por su bondad. Porque no conocía la maldad.
Pero la maldad existía, no allí, pero sí en las hadas. No todas las hadas eran dulces, la mayoría lo eran, pero también había hadas amargas.
Como no recuerdo su nombre la llamaré Dulce esta vez.
Todo empezó el día que Dulce voló. Ya había volado antes, aquellos escasos centímetros, antes de que sus alas tuvieran la fuerza para levantar su cuerpecillo más de unos segundos. Pero aquel día, por fin, iba a volar, volar de verdad.
Las hadas tienen un ritual, algo sencillo, cuando sus alas alcanzan el tamaño y fuerza necesarios y la gran luna llega, llevan a cabo su primer gran vuelo. No tienen un destino específico, se trata de liberar por fin las alas y volar hasta el amanecer, para regresar al hogar junto al sol.
Las alas de Dulce habían crecido, y la gran luna casi había llegado. Dulce esperaba su luz blanca dando pequeños saltitos, ardía en deseos de volar.
Y la gran luna llegó. Y Dulce voló.
Y aquella noche vio los árboles desde arriba, adelantó a las aves nocturnas que encontró y cerró los ojos para disfrutar de la velocidad de sus alas.
-¡Cuidado!
Dulce abrió los ojos de repente y frenó su carrera deteniéndose en el aire - lo cual no era tan fácil como hacían ver el resto de hadas -. Frente a ella había otra hada con cara asustada.
-¿Qué ocurre? - preguntó Dulce sin comprender nada.
-Ibas a toda velocidad, con los ojos cerrados - explicó la otra- ¡Por poco me derribas!
Dulce se ruborizó y murmuró una disculpa que la otra aceptó, y tras ello se presentó con el nombre de Wann. Dulce y Wann volaron juntas aquella noche, no era el primer vuelo de Wann, así que puedo enseñarle muchos lugares a Dulce aquella noche. Y en lo alto del mismo árbol en el que se despidieron con las primeras luces del sol, se citaron para la luna siguiente.
Y volvieron a verse aquella luna. Y volvieron a verse mil lunas más. Y cada vez que Dulce llegaba al árbol y veía de lejos el resplandor de las alas de Wann, la felicidad la llenaba. Se sentía cada vez más unida a ella. Las lunas que pasaba con Wann valían más para ella que mil soles azules.
Pero una noche Wann no acudió a su cita. Al principio Dulce pensó que llegaba tarde, pero luego empezó a preocuparse. La blanca luz de la luna se debilitaba y no había rastro de Wann. Y cuando el alba llegó Dulce tuvo que marcharse, preocupada por Wann. Tres lunas más, lo mismo ocurrió, y la preocupación de Dulce creció y creció. Pero, al fin, la quinta luna, Wann apareció de nuevo. ¡Cuanta felicidad sintió Dulce! Se lanzó a abrazar a Wann y contuvo lágrimas de alegría. Le acarició el pelo mientras le decía lo preocupada que había estado esas cuatro lunas. Y entonces llegó la pregunta:
-¿Qué te ha pasado, Wann? ¿Dónde has estado?
-Estoy bien, Dulce, no te preocupes por mí.
Tal vez Dulce no lo notó porque estaba demasiado alegre, o porque confiaba plenamente en Wann y la creía cuando decía que todo estaba bien. Pero aquella noche Wann no era la misma Wann. Sus ojos habían cambiado ligeramente. No, no eran sus ojos, los ojos eran sólo la ventana, el reflejo. Lo que había cambiado era su alma. Wann ya no era la misma Wann, en cuatro lunas su alma había cambiado. Pero Dulce no lo notó.
Y las lunas juntas siguieron pasando. Wann y Dulce, Dulce y Wann. Aunque tal vez aquella no era la misma Wann. Y una noche, al llegar Dulce, Wann estaba allí, pero se estaba alejando. Dulce la llamó por su nombre, cuando Wann se giró le hizo un gesto con la mano "Ven".Dulce trató de alcanzar a Wann, pero volaba muy deprisa, así que Dulce sólo podía batir sus alas tan rápido como podía para no quedarse atrás. Wann no se giró en todo el trayecto, a pesar de las constantes llamadas de Dulce.
Huye Dulce, escapa. Esa no es Wann, no es a quién quieres. tu Wann ya no está. Huye Dulce, escapa.
Wann aterrizó en un pequeño claro, oscuro debido a que las largas ramas de los árboles de alrededor no dejaban pasar la luz.
Está demasiado oscuro, Dulce. Sabes que no son sólo los árboles. Está demasiado oscuro, Dulce.
Dulce aterrizó segundos después, jadeando por el cansancio, se permitió deslizarse hasta el suelo.
-Wann, ¿por qué me has traído aquí?
Wann no dijo nada. Una silueta oscura se acercaba hacia ellas.
Huye. Dulce, Dulce, debes escapar. Dulce, Dulce, no te dejes atrapar. Huye.
La silueta paró frente a Dulce. Seguramente era el hada más hermosa que había visto jamás, sus alas oscuras se movían delicadamente cuando caminaba, sus ojos claros se clavaban en los de Dulce haciendo que no pudiera apartar la mirada. Wann se acercó al hada y se arrodilló junto a ella.
-La he traído para usted.
Oh, Dulce, pequeña e inocente Dulce. Has caído en la trampa. Oh, Dulce, tu inocencia se perderá.
Dulce no entendía nada, la desconocida ahora sonreía, pero su sonrisa hacía que una sensación nueva recorriera a Dulce de arriba a abajo: el miedo.
Cuando entre en tu alma será tarde. Ya no volverás a ser la misma Dulce.
Dulce se sentía paralizada. Sentada en el suelo, tal y como se había dejado caer tras aterrizar, aún jadeando. Incapaz de reaccionar. El hada hermosa avanzó hacia ella, se agachó frente a Dulce y tomándola de la barbilla levantó su rostro mientras posaba la otra mano en su mejilla.
Los ojos de Dulce dejaron de ver. Y entonces comprendió. Wann la había traicionado, la había llevado allí como un perro que lleva una presa al cazador. Ella era la presa. Entonces llegó el dolor. No era el tipo de dolor que Dulce había sentido otras veces cuando chocaba contra las ramas o se torcía el tobillo al aterrizar bruscamente. Ese dolor provenía de su interior, como si la estuvieran devorando desde dentro. Y la estaban devorando. Pero ser devorada no era lo peor para Dulce, lo peor era Wann, lo peor era su mirada desde el lugar donde se hallaba arrodillada. No movió ni una sola pestaña, y para cuando los ojos de Wann parecieron reflejar un ápice de tristeza, Dulce ya había sido completamente devorada por el hada amarga. Amarga, el hada malvada, que se relamía saboreando el alma que acababa de devorar, mientras el cuerpo de Dulce yacía en el suelo, vacío.
No recuerdo su nombre, pero sí el brillo y la alegría de sus ojos. No recuerdo cuando ni por qué nació, pero sí sus primeros aleteos, a escasos centímetros del suelo y con tanta felicidad.
Un hada dulce, por su inocencia, por su sonrisa, por su bondad. Porque no conocía la maldad.
Pero la maldad existía, no allí, pero sí en las hadas. No todas las hadas eran dulces, la mayoría lo eran, pero también había hadas amargas.
Como no recuerdo su nombre la llamaré Dulce esta vez.
Todo empezó el día que Dulce voló. Ya había volado antes, aquellos escasos centímetros, antes de que sus alas tuvieran la fuerza para levantar su cuerpecillo más de unos segundos. Pero aquel día, por fin, iba a volar, volar de verdad.
Las hadas tienen un ritual, algo sencillo, cuando sus alas alcanzan el tamaño y fuerza necesarios y la gran luna llega, llevan a cabo su primer gran vuelo. No tienen un destino específico, se trata de liberar por fin las alas y volar hasta el amanecer, para regresar al hogar junto al sol.
Las alas de Dulce habían crecido, y la gran luna casi había llegado. Dulce esperaba su luz blanca dando pequeños saltitos, ardía en deseos de volar.
Y la gran luna llegó. Y Dulce voló.
Y aquella noche vio los árboles desde arriba, adelantó a las aves nocturnas que encontró y cerró los ojos para disfrutar de la velocidad de sus alas.
-¡Cuidado!
Dulce abrió los ojos de repente y frenó su carrera deteniéndose en el aire - lo cual no era tan fácil como hacían ver el resto de hadas -. Frente a ella había otra hada con cara asustada.
-¿Qué ocurre? - preguntó Dulce sin comprender nada.
-Ibas a toda velocidad, con los ojos cerrados - explicó la otra- ¡Por poco me derribas!
Dulce se ruborizó y murmuró una disculpa que la otra aceptó, y tras ello se presentó con el nombre de Wann. Dulce y Wann volaron juntas aquella noche, no era el primer vuelo de Wann, así que puedo enseñarle muchos lugares a Dulce aquella noche. Y en lo alto del mismo árbol en el que se despidieron con las primeras luces del sol, se citaron para la luna siguiente.
Y volvieron a verse aquella luna. Y volvieron a verse mil lunas más. Y cada vez que Dulce llegaba al árbol y veía de lejos el resplandor de las alas de Wann, la felicidad la llenaba. Se sentía cada vez más unida a ella. Las lunas que pasaba con Wann valían más para ella que mil soles azules.
Pero una noche Wann no acudió a su cita. Al principio Dulce pensó que llegaba tarde, pero luego empezó a preocuparse. La blanca luz de la luna se debilitaba y no había rastro de Wann. Y cuando el alba llegó Dulce tuvo que marcharse, preocupada por Wann. Tres lunas más, lo mismo ocurrió, y la preocupación de Dulce creció y creció. Pero, al fin, la quinta luna, Wann apareció de nuevo. ¡Cuanta felicidad sintió Dulce! Se lanzó a abrazar a Wann y contuvo lágrimas de alegría. Le acarició el pelo mientras le decía lo preocupada que había estado esas cuatro lunas. Y entonces llegó la pregunta:
-¿Qué te ha pasado, Wann? ¿Dónde has estado?
-Estoy bien, Dulce, no te preocupes por mí.
Tal vez Dulce no lo notó porque estaba demasiado alegre, o porque confiaba plenamente en Wann y la creía cuando decía que todo estaba bien. Pero aquella noche Wann no era la misma Wann. Sus ojos habían cambiado ligeramente. No, no eran sus ojos, los ojos eran sólo la ventana, el reflejo. Lo que había cambiado era su alma. Wann ya no era la misma Wann, en cuatro lunas su alma había cambiado. Pero Dulce no lo notó.
Y las lunas juntas siguieron pasando. Wann y Dulce, Dulce y Wann. Aunque tal vez aquella no era la misma Wann. Y una noche, al llegar Dulce, Wann estaba allí, pero se estaba alejando. Dulce la llamó por su nombre, cuando Wann se giró le hizo un gesto con la mano "Ven".Dulce trató de alcanzar a Wann, pero volaba muy deprisa, así que Dulce sólo podía batir sus alas tan rápido como podía para no quedarse atrás. Wann no se giró en todo el trayecto, a pesar de las constantes llamadas de Dulce.
Huye Dulce, escapa. Esa no es Wann, no es a quién quieres. tu Wann ya no está. Huye Dulce, escapa.
Wann aterrizó en un pequeño claro, oscuro debido a que las largas ramas de los árboles de alrededor no dejaban pasar la luz.
Está demasiado oscuro, Dulce. Sabes que no son sólo los árboles. Está demasiado oscuro, Dulce.
Dulce aterrizó segundos después, jadeando por el cansancio, se permitió deslizarse hasta el suelo.
-Wann, ¿por qué me has traído aquí?
Wann no dijo nada. Una silueta oscura se acercaba hacia ellas.
Huye. Dulce, Dulce, debes escapar. Dulce, Dulce, no te dejes atrapar. Huye.
La silueta paró frente a Dulce. Seguramente era el hada más hermosa que había visto jamás, sus alas oscuras se movían delicadamente cuando caminaba, sus ojos claros se clavaban en los de Dulce haciendo que no pudiera apartar la mirada. Wann se acercó al hada y se arrodilló junto a ella.
-La he traído para usted.
Oh, Dulce, pequeña e inocente Dulce. Has caído en la trampa. Oh, Dulce, tu inocencia se perderá.
Dulce no entendía nada, la desconocida ahora sonreía, pero su sonrisa hacía que una sensación nueva recorriera a Dulce de arriba a abajo: el miedo.
Cuando entre en tu alma será tarde. Ya no volverás a ser la misma Dulce.
Dulce se sentía paralizada. Sentada en el suelo, tal y como se había dejado caer tras aterrizar, aún jadeando. Incapaz de reaccionar. El hada hermosa avanzó hacia ella, se agachó frente a Dulce y tomándola de la barbilla levantó su rostro mientras posaba la otra mano en su mejilla.
Los ojos de Dulce dejaron de ver. Y entonces comprendió. Wann la había traicionado, la había llevado allí como un perro que lleva una presa al cazador. Ella era la presa. Entonces llegó el dolor. No era el tipo de dolor que Dulce había sentido otras veces cuando chocaba contra las ramas o se torcía el tobillo al aterrizar bruscamente. Ese dolor provenía de su interior, como si la estuvieran devorando desde dentro. Y la estaban devorando. Pero ser devorada no era lo peor para Dulce, lo peor era Wann, lo peor era su mirada desde el lugar donde se hallaba arrodillada. No movió ni una sola pestaña, y para cuando los ojos de Wann parecieron reflejar un ápice de tristeza, Dulce ya había sido completamente devorada por el hada amarga. Amarga, el hada malvada, que se relamía saboreando el alma que acababa de devorar, mientras el cuerpo de Dulce yacía en el suelo, vacío.
sábado, 3 de enero de 2015
MEH
Tan ligera que se la lleva el aire
antes de que te des cuenta.
Ese hada diminuta que habita en tu pecho,
pero que nunca está en casa.
Que llega cuando no la esperas,
y no estás preparado para ella.
Se vuelve escurridiza
cada vez que intentas atraparla,
y la retienes a duras penas,
con cuerdas de tinta y pluma.
Y tú la quieres blanca,
regresa más negra que el carbón.
Y tú la quieres alegre,
cuando es pura desolación.
Piensas que estaría bien un desierto,
te regala una selva tropical.
Surge aquí, mientras yo rogaba allá.
Testaruda y cabezota,
jamás se dejará domar.
Y viene cuando el mundo te ha roto,
y convierte los pedazos en algo,
un algo que te impide dormir.
Algo que debes liberar
antes de que sea tarde,
antes de que no lo puedas recuperar.
Y convierte tu voz en una nueva,
en verdadera voz.
Y te silencia cruelmente.
Escuchas su aleteo cuando se marcha.
Otra vez que te abandona,
no lo puedes remediar.
Y con sus pequeñas manos,
te vuelve a destrozar.
Y sonríe,y sonríes.
Idiota, feliz, la ves marchar.
Inspiración.
Lenta agonía que se va,
por favor humano, no la dejes escapar.
Sufre tu agonía.
Desata tu poesía.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Estoy nerviosa
Puede que se deba al libro que acabo de terminar (Ciudades de Papel, de John Green). A veces me pasa cuando termino un libro. Sobre todo uno así- Que uau, John Green es un genio, llevo un rato repitiéndolo. Leer ese libro ha sido maravilloso. Debería dejar de hablar de ello antes de que no pueda detenerme, porque me embalo al hablar de los libros que me gustan, y soy consciente de que a veces resulto pesada para la gente, y no sé. No sé nada. Dioses, estoy nerviosa-.
La verdad es que no estoy segura de si es por el libro (creo que estoy tecleando demasiado deprisa). No sé porque, me ha dado de repente, escribiendo en mi destrozado cuaderno verde (Odio aquel envase de leche muchísimo, ese cuaderno es muy importante para mi y ahora está bastante débil, y roto, pero no puedo dejar de escribir en él, no puedo. No.) y he comenzado a hacer la letra más grande y no quería pagar mi repentino nerviosismo con el cuaderno, las teclas de ordenador parecían mucho más resistentes. No sé que escribir, pero sigo haciéndolo porque no puedo parar, corregiré las faltas después, estoy tecleando más deprisa de lo que soy capaz. Creo que nunca he tecleado tan rápido. (Después de esa frase he empezado a teclear tan rápido que ya no hacía ni una sola palabra bien y ahora tengo que frenarme a mi misma). Y no sé que demonios pasa.
Calma
Vale. 23:39. Voy a beber agua.
23:41. Mi botella de agua estaba vacía, no quería bajar a llenarla, la he llenado con agua del grifo del baño. Se me han quitado las ganas de beber agua. Puaj.
23:42. Creo que voy a parar ahora. ¿Esto es absurdo?
23:43. Ay. Vale ya. Adiós.
La verdad es que no estoy segura de si es por el libro (creo que estoy tecleando demasiado deprisa). No sé porque, me ha dado de repente, escribiendo en mi destrozado cuaderno verde (Odio aquel envase de leche muchísimo, ese cuaderno es muy importante para mi y ahora está bastante débil, y roto, pero no puedo dejar de escribir en él, no puedo. No.) y he comenzado a hacer la letra más grande y no quería pagar mi repentino nerviosismo con el cuaderno, las teclas de ordenador parecían mucho más resistentes. No sé que escribir, pero sigo haciéndolo porque no puedo parar, corregiré las faltas después, estoy tecleando más deprisa de lo que soy capaz. Creo que nunca he tecleado tan rápido. (Después de esa frase he empezado a teclear tan rápido que ya no hacía ni una sola palabra bien y ahora tengo que frenarme a mi misma). Y no sé que demonios pasa.
Calma
Vale. 23:39. Voy a beber agua.
23:41. Mi botella de agua estaba vacía, no quería bajar a llenarla, la he llenado con agua del grifo del baño. Se me han quitado las ganas de beber agua. Puaj.
23:42. Creo que voy a parar ahora. ¿Esto es absurdo?
23:43. Ay. Vale ya. Adiós.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Estoy de mal humor
Pues sí. Todo el mundo se pone de mal humor alguna vez, ¿no?
Estoy de mal humor. Lo siento, pero es así. Y no quiero ir tratando mal a la gente, pero hay veces que el ser una borde me sale demasiado natural.
Sólo escribo para quejarme. Puede que también me queje demasiado últimamente, tal vez no debería, pero ahora mismo me da igual.
Seguramente debería dormir más. Seguramente esto se debe a la falta de sueño (que no deja de acumularse).
Da igual. Suelo decir "da igual" cuando estoy de mal humor. Aunque no siempre.
Se me está pasando. Sólo quería quejarme un rato. Para algo tengo este "basurero".
Feliz navidad. (Aunque ya se haya pasado).
Estoy de mal humor. Lo siento, pero es así. Y no quiero ir tratando mal a la gente, pero hay veces que el ser una borde me sale demasiado natural.
Sólo escribo para quejarme. Puede que también me queje demasiado últimamente, tal vez no debería, pero ahora mismo me da igual.
Seguramente debería dormir más. Seguramente esto se debe a la falta de sueño (que no deja de acumularse).
Da igual. Suelo decir "da igual" cuando estoy de mal humor. Aunque no siempre.
Se me está pasando. Sólo quería quejarme un rato. Para algo tengo este "basurero".
Feliz navidad. (Aunque ya se haya pasado).
martes, 2 de diciembre de 2014
Cosas de cuadernos viejos
Encontré un billete tirado en
la estación,
Estaba a nombre de alguien con
imaginación.
Dos horas para la salida del tren,
Aún no sé dónde iré.
Usar el billete podría estar bien,
No tiene destino, no hay final,
No hay obstáculos ni paradas,
Tan solo es otro viaje infinito.
Quiero saber hasta dónde puedo llegar,
Hasta dónde soportaré un viaje sin destino.
Desearía poder volar,
Pero ir en tren no está tan mal.
Llevaré un cuaderno o dos,
Llenaré mis maletas de tinta y palabras,
Voy a escribir el viaje,
Voy a manchar el cuaderno con mis torpes letras,
Voy a atesorarlo todo en tinta,
Y a encerrarme entre hojas de papel.
Creo que subiré a ese tren sin destino,
Nadie preguntará quién soy,
No les importará que mi billete sea extraño,
Ellos también son diferentes.
Podemos viajar juntos en este tren,
Dos horas para la salida del tren,
Aún no sé dónde iré.
Usar el billete podría estar bien,
No tiene destino, no hay final,
No hay obstáculos ni paradas,
Tan solo es otro viaje infinito.
Quiero saber hasta dónde puedo llegar,
Hasta dónde soportaré un viaje sin destino.
Desearía poder volar,
Pero ir en tren no está tan mal.
Llevaré un cuaderno o dos,
Llenaré mis maletas de tinta y palabras,
Voy a escribir el viaje,
Voy a manchar el cuaderno con mis torpes letras,
Voy a atesorarlo todo en tinta,
Y a encerrarme entre hojas de papel.
Creo que subiré a ese tren sin destino,
Nadie preguntará quién soy,
No les importará que mi billete sea extraño,
Ellos también son diferentes.
Podemos viajar juntos en este tren,
La locomotora es inspiración,
Los vagones serán aquello que sueñas,
No tendremos principio ni final,
Tan solo tendremos la fuerza para crear.
¿Crees que puedes hacerlo?
¿Crees que puedo hacerlo?
Romper las barreras de lo cotidiano,
Huir del horripilante mundo real.
Me he dado cuenta de que no es tan difícil volar,
Inténtalo, vamos, cierra los ojos, abre las alas,
Vuela, las nubes están ahí arriba,
Extiende tus manos, ¿notas su suavidad?
Es por todas esas sonrisas,
Por todas las que has creado y vas a crear.
Tendrás tiempo para pensar durante el viaje,
Ahora tenemos que coger ese tren.
No dejes que escape.
Los vagones serán aquello que sueñas,
No tendremos principio ni final,
Tan solo tendremos la fuerza para crear.
¿Crees que puedes hacerlo?
¿Crees que puedo hacerlo?
Romper las barreras de lo cotidiano,
Huir del horripilante mundo real.
Me he dado cuenta de que no es tan difícil volar,
Inténtalo, vamos, cierra los ojos, abre las alas,
Vuela, las nubes están ahí arriba,
Extiende tus manos, ¿notas su suavidad?
Es por todas esas sonrisas,
Por todas las que has creado y vas a crear.
Tendrás tiempo para pensar durante el viaje,
Ahora tenemos que coger ese tren.
No dejes que escape.
Nadie
me ha preguntado por mi billete,
En este tren somos tan iguales como distintos.
¿A qué esperas para echar a volar?
Este viaje es infinito,
Este tren nunca se detendrá.
En este tren somos tan iguales como distintos.
¿A qué esperas para echar a volar?
Este viaje es infinito,
Este tren nunca se detendrá.
Es
hora de crear.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Spirit
La una película que ha sido siempre mi favorita, la que no podía dejar de ver cuando era pequeña. Probablemente la que me adentró en mi amor hacia los caballos. Me recuerdo a mi misma sentada delante de la televisión, muy cerca, abrazada a Plo mientras veía la película, y jamás me cansé. Es especial de alguna forma.
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