domingo, 28 de diciembre de 2014

Estoy nerviosa

Puede que se deba al libro que acabo de terminar (Ciudades de Papel, de John Green). A veces me pasa cuando termino un libro. Sobre todo uno así- Que uau, John Green es un genio, llevo un rato repitiéndolo. Leer ese libro ha sido maravilloso. Debería dejar de hablar de ello antes de que no pueda detenerme, porque me embalo al hablar de los libros que me gustan, y soy consciente de que a veces resulto pesada para la gente, y no sé. No sé nada. Dioses, estoy nerviosa-.
La verdad es que no estoy segura de si es por el libro (creo que estoy tecleando demasiado deprisa). No sé porque, me ha dado de repente, escribiendo en mi destrozado cuaderno verde (Odio aquel envase de leche muchísimo, ese cuaderno es muy importante para mi y ahora está bastante débil, y roto, pero no puedo dejar de escribir en él, no puedo. No.) y he comenzado a hacer la letra más grande y no quería pagar mi repentino nerviosismo con el cuaderno, las teclas de ordenador parecían mucho más resistentes. No sé que escribir, pero sigo haciéndolo porque no puedo parar, corregiré las faltas después, estoy tecleando más deprisa de lo que soy capaz. Creo que nunca he tecleado tan rápido. (Después de esa frase he empezado a teclear tan rápido que ya no hacía ni una sola palabra bien y ahora tengo que frenarme a mi misma). Y no sé que demonios pasa.

Calma

Vale. 23:39. Voy a beber agua.
23:41. Mi botella de agua estaba vacía, no quería bajar a llenarla, la he llenado con agua del grifo del baño. Se me han quitado las ganas de beber agua. Puaj.
23:42. Creo que voy a parar ahora. ¿Esto es absurdo?
23:43. Ay. Vale ya. Adiós.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Estoy de mal humor

Pues sí. Todo el mundo se pone de mal humor alguna vez, ¿no?
Estoy de mal humor. Lo siento, pero es así. Y no quiero ir tratando mal a la gente, pero hay veces que el ser una borde me sale demasiado natural.
Sólo escribo para quejarme. Puede que también me queje demasiado últimamente, tal vez no debería, pero ahora mismo me da igual.
Seguramente debería dormir más. Seguramente esto se debe a la falta de sueño (que no deja de acumularse).
Da igual. Suelo decir "da igual" cuando estoy de mal humor. Aunque no siempre.
Se me está pasando. Sólo quería quejarme un rato. Para algo tengo este "basurero".
Feliz navidad. (Aunque ya se haya pasado).

martes, 2 de diciembre de 2014

Cosas de cuadernos viejos

Encontré un billete tirado en la estación,
Estaba a nombre de alguien con imaginación. 
Dos horas para la salida del tren, 
Aún no sé dónde iré. 
Usar el billete podría estar bien, 
No tiene destino, no hay final, 
No hay obstáculos ni paradas, 
Tan solo es otro viaje infinito. 
Quiero saber hasta dónde puedo llegar, 
Hasta dónde soportaré un viaje sin destino. 
Desearía poder volar, 
Pero ir en tren no está tan mal. 
Llevaré un cuaderno o dos, 
Llenaré mis maletas de tinta y palabras, 
Voy a escribir el viaje, 
Voy a manchar el cuaderno con mis torpes letras, 
Voy a atesorarlo todo en tinta, 
Y a encerrarme entre hojas de papel. 
Creo que subiré a ese tren sin destino, 
Nadie preguntará quién soy, 
No les importará que mi billete sea extraño, 
Ellos también son diferentes. 
Podemos viajar juntos en este tren,
La locomotora es inspiración, 
Los vagones serán aquello que sueñas, 
No tendremos principio ni final, 
Tan solo tendremos la fuerza para crear. 
¿Crees que puedes hacerlo? 
¿Crees que puedo hacerlo? 
Romper las barreras de lo cotidiano, 
Huir del horripilante mundo real. 
Me he dado cuenta de que no es tan difícil volar, 
Inténtalo, vamos, cierra los ojos, abre las alas, 
Vuela, las nubes están ahí arriba, 
Extiende tus manos, ¿notas su suavidad? 
Es por todas esas sonrisas, 
Por todas las que has creado y vas a crear. 
Tendrás tiempo para pensar durante el viaje, 
Ahora tenemos que coger ese tren.

No dejes que escape.
Nadie me ha preguntado por mi billete,
En este tren somos tan iguales como distintos. 
¿A qué esperas para echar 
volar?
Este viaje es infinito,
Este tren nunca se detendrá. 

Es hora de crear.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Spirit

La una película que ha sido siempre mi favorita, la que no podía dejar de ver cuando era pequeña. Probablemente la que me adentró en mi amor hacia los caballos. Me recuerdo a mi misma sentada delante de la televisión, muy cerca, abrazada a Plo mientras veía la película, y jamás me cansé. Es especial de alguna forma.

jueves, 13 de noviembre de 2014

2 de Febrero de 2014

Y esta era yo aquel día de Febrero siendo cruel con Nelson:


<Eh Nelson, ¿quieres oírlo otra vez?

Ni siquiera tenías un año de edad, y a pesar de ello, lo recuerdas todo con asombrosa claridad.
Intentabas alcanzar tu pequeño oso de peluche estirando tus bracitos entre los barrotes de la cuna. Entonces escuchaste aquel ruido, nunca antes lo habías oído, nunca antes habían entrado en casa tirado la puerta abajo. Luego vinieron los gritos de tu padre, ¿te acuerdas? Le dijo a tu madre que él se encargaría de aquellos hombres gigantescos que, además, iban armados, le dijo a tu madre que ella debía ponerte a salvo. Seguramente ella y tu fuisteis en lo último que pensó antes de que aquellos hombres sin escrúpulos separaran su cabeza del resto de su cuerpo y pintaran las paredes con su sangre. Pero tu eso no lo viste, sin embargo, pudiste ver a tu madre. Entró corriendo en tu habitación, tú estabas tan confuso que n siquiera podías llorar. Al ver a tu madre pensaste por un momento que todo estaba bien. Que feliz momento. Luego el primero de aquellos hombres entró en la habitación y agarró a tu madre por un brazo antes de que ella pudiera llegar hasta ti. ¿Recuerdas como intentó defenderse y alcanzarte? Pero fue inútil. Aquellos hombres se divirtieron con ella, le dedicaron a su muerte más tiempo que a la de tu padre. La torturaron frente a tus ojos. Empezaron cortándole los pies, parecía doloroso, pero no se comparaba con el dolor que sentía ella por no poder alcanzarte y ponerte a salvo. ¿Recuerdas sus ojos derramando lágrimas? ¿Recuerdas como se los arrancaron después? Entonces ella ya ni siquiera pudo verte, tampoco podía llorar. La invadía el dolor. Y tú estabas ahí, en tu cuna, contemplándolo todo, tan confuso que no podías llorar. ¿Recuerdas como se deleitaron jugando con ella? Le clavaban los cuchillos aquí y allá. Tu madre agonizó durante minutos eternos. Hasta que murió. Entonces fue cuando aprendiste a llorar en silencio. Ya poco te importaba aquel osito de peluche que jamás llegaste a alcanzar. Por primera vez en tu vida, tenías miedo.>

Miedo



<-Corre.
-¿Correr? ¿A dónde? ¿Por qué? 
-No importa donde, no importa, corre, vete, tan lejos como puedas ¡Ya!
-¿Qué está pasando? ¡No voy a moverme hasta que no me des una explicación!
-¡No lo sé! ¿¡Vale!? ¡No tengo ni idea! ¡Pero por esta vez, tienes que hacerme caso! ¡Corre!
Su cara daba miedo, nunca le había visto así, siempre estaba serio, eso no era normal, no en él, ¿por qué tenía que correr? ¿Tenía que huir del sol o del cielo azul? ¿De las mariposas que volaban en el parque? ¿De los niños que jugaban en los toboganes? ¿Por qué me gritaba de esa manera en medio del parque? ¿Por qué nadie se daba cuenta? ¿Por qué?
Miré su cara una vez más. Miedo. Terror. Pánico. Me levanté y me alejé de él. ¿Por qué? ¿Por qué se ponía así? Lo único tenebroso en el parque era él... Él...
Corrí, tan veloz como mis piernas me lo permitieron. Estaba aterrorizado, asustado. Huía, huía de él. ¿Por qué? ¿Por qué estaba huyendo de él? Ni siquiera yo podía entenderlo, pero seguía asustado y no podía dejar de correr. Tropecé, una y otra vez, y también caí, pero no me importó, tenía que seguir corriendo, como si mi vida dependiera de ello. No pude dejar de correr hasta que la vi. 
Había una puerta. Estaba ahí, en el bosque. No sé en qué momento entré en el bosque, ni en que parte del mismo estaba, pero jamás había visto una puerta en el bosque. No había nada alrededor de la puerta. No quise abrirla, me dio miedo. Miedo. El miedo me había atrapado en cuestión de segundos, me había atraído hacia él. Quería devorarme. La puerta. Quería devorarme. El miedo. Quería devorarme. Intenté retroceder. No valía la pena preguntarme el por qué. La puerta se abrió. Mis pies parecían moverse a cámara lenta. Oscuridad. No, oscuridad no. Miedo. El Miedo abrió la puerta. Quería devorarme. Hubiese jurado que estaba sonriendo. El Miedo me sonreía. No tenía cuerpo ni forma, pero sonreía. Se acercó a mí y me susurró "Deja que te abrace". Segundos después dejé de existir. Ya no existo. Mi cuerpo humano ha desaparecido. 
Ahora soy Miedo.>




Escribí esto el 5 de Abril de 2013, en TwitLonger (por penoso que suene)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Tic, tac y gatos

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

En la habitación sólo se escuchaba el lento pasar de los segundos, aunque, prestando mucha atención, bajo aquel sonido pesado e impaciente podía escucharse la suave respiración de un gato, que dormía acurrucado cómodamente sobre la cama.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

Al sonido del reloj se sobrepuso el de unas pisadas, cada vez más cercanas, después el movimiento de una silla con ruedas, precediendo a la música de las teclas. 
Tal vez fue ese nuevo sonido el que despertó al gato. Alzó la vista, con los ojos entreabiertos, miró a la persona sentada frente a él y volvió a acomodarse, esta vez con la cabeza sobre la almohada. 

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

Más allá de los segundos y las teclas, en el pasillo, otros dos sonidos se mezclaban. Desde arriba, tras la última puerta del pasillo el sonido de personas hablando desde la pantalla de un teléfono móvil. Desde abajo, las voces de dos personas y el murmullo de la televisión encendida.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

El gato seguía dormido, ajeno a los sonidos que aparecían y desaparecían rápidos, como la risa suave del fondo del pasillo, o el vibrar de otro móvil contra la madera del cajón. No le molestaban los segundos ni las teclas. Ni siquiera el caótico sonido de los pensamientos de la persona frente a él.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

Todo lo que el gato había hecho aquel día, como muchos otros, había sido aquello mismo, dormir. También había comido y recibido cariño, y quizá hubiera jugado un poco con la gatita con la que vivía. Tal vez hubiera molestado al perro, o al otro gato, más grande y gruñón que él.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac

Parecía cómodo durmiendo. Parecía cómodo siendo un gato. Y a la persona sentada frente a él le alegró que estuviera cómodo con aquella vida. Era un gato feliz. Los gatos hacen felices a las personas. Así que la persona sentada frente a él fue doblemente feliz, triplemente feliz.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac